Minicuento "Adios Ciudad Querida"

He decidido pedir a Dios que me ayude a enfrentar este futuro que se viene de prisa a mis manos.
Caminé lentamente, mirando las hojas de los árboles caer en este hermoso otoño mezclado de amarillo y verde, hacia la catedral. Una vez dentro, el silencio inundó mi espacio. Sintiéndome pequeña me senté en uno de los pupitres y pedí fuerza a mi Dios para enfrentar lo que viene y lo que estaba viviendo. Una campana sonó al mismo tiempo que yo rezaba y el mundo allá afuera continuaba girando, con sus consumistas intenciones y sus dispares desigualdades. ¿Qué podía hacer yo dentro de este mundo sintiéndome tan distinta y vulnerable?
Al salir de la Catedral, me senté en la pileta de la plaza de Armas; la diosa Ceres me observaba con nostalgia… ¡adiós ciudad querida!.













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