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martes, 18 de marzo de 2008

Minicuento Lágrimas de Otoño

Seguí caminando. Las hojas volaban a mi alrededor mientras las lágrimas caían en los charquitos de otoño. Una niña apareció de pronto llena de inocencia y alegría y se acercó a donde yo estaba. Me preguntó ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?... No sabía contestar… dije: “tengo una herida pequeñita, pero duele mucho”. Ella me miró y entendió. Me dio su mano y me llevó a la orilla del lago, cortó una margarita y me la entregó. Lloré aún más recordando cuando mi pequeña aquí estaba y ahora ya nada me la devolvería. La lluvia repentina inundó mi corazón…


Escrito por ©Ingrid Aravena.-

viernes, 2 de noviembre de 2007

Utopía Universitaria


Sobre la suave luz que inundaba la alameda de árboles con sombras brillosas y oscuras, iba caminando Laura, tras haber salido de su clase de Matemáticas. Eran eso de las seis de la tarde de una primavera soleada y calurosamente agradable. De pronto un sentimiento extraño la embargó. Se quedó inmóvil y comenzó a volar toda su imaginación. Mientras ello ocurría miles de luces incandescentes salieron del suelo, los árboles y las esculturas. En su mente había ocurrido un milagro. A pesar de estar sólo en tercer año de su carrera, comenzó a verse repleta de premios y felicitaciones. Una beca a Estados Unidos fue el máximo reconocimiento que la Universidad del Bío-Bío le había otorgado. Además un viaje a las termas de Chillán para que se fuera muy descansada antes de llegar a Estados Unidos. Por si fuera poco, un pase de locomoción para que viajara gratis por toda la octava región cuando llegara de Estados Unidos y visualizó lo agradable que los choferes se ponían al verla subir a la máquina. Frases como: "pase adelante", "tome asiento señorita" y otras que no lograba entender de tan hermosas. Una multitud de hermosas flores caían a sus pies cuando caminaba por las calles para que sus delicados pies no se dañaran. Además en las noticias sólo habían noticias buenas, llenas de entusiasmo por la vida, generosidad, amor y un equilibrio económico, político y social. No existía la delincuencia, no existía el Transantiago, no había corrupción, no había contaminación. Las personas botaban amablemente los papeles en los basureros de las calles y las estadísticas hablaban de cuanta perfección se había logrado con la unión de los sectores políticos. Las Universidades unidas cooperaban para que en el mundo no existieran las enfermedades terminales y se entendía la muerte como parte de la vida.
De pronto un color negro inundó sus imágenes. No podía salir de allí. Nadaba en un vacío extraordinario del que no podía escapar. Su mente quedó en blanco. De pronto un grito: ¡Laura!, ¡Lauraaaaaaaa!. Sentía que una mano quería sacarle de esa nebulosa en la que estaba envuelta. De pronto abrió los ojos…
Miró a su alrededor. Todo seguía normal. Los autos iban hacia el mismo lugar, la contaminación continuaba, en la vereda del frente un hombre robando una billetera. Miró sus ropas y era la misma Laura de tercer año saliendo de su clase de matemáticas. ¡Laura! exclamó Alberto, ¡olvidaste tus lentes en el pupitre! ¡Oh Gracias! dijo Laura. Al ponérselos, por fin logró ver las cosas como eran realmente. La vida continuaba igual. Esa utopía sin embargo, podría lograrse con su ayuda y con la conciencia que muchos más pudieran tomar gracias a su influencia. Tomó su bolso, caminó hacia el autobús, se despidió de Alberto y se dijo a sí misma ¡Lo voy a lograr!.
Escrito por ©Ingrid Aravena.-

jueves, 11 de octubre de 2007

Minicuento "Objeto volador no identificado"

En el autobús de regreso a Concepción un extraño pensamiento me embargaba. Comencé a mirar por la ventana en dirección a Santa Juana. El Bío-Bío llevaba poca agua, ya que las lluvias aún no comenzaban. Un rayo de sol encandiló mi rostro. Cerré las cortinas y cuando pude volví a abrirlas. De pronto una serie de objetos voladores no identificados volaban sobre el río, junto a un sin número de aves blancas cuyo color hacía confundir a los objetos. Mi rostro absorto no era capaz de decir palabra. ¿Qué querrían aquellos seres?. Por vergüenza no fui capaz de decir palabra a nadie más, pero ¿porque sólo yo los veía?... ¿Sería alguna especie de señal extraña?.

Nunca supe el significado de aquellas imágenes en mi mente o en la realidad, nunca descifré el misterio y nunca fui capaz de contarlo hasta este día en que dejo esta carta junto a mi testamento para que mi hijo mayor descifre el misterio el cual, he comprendido no estaba en mi mente si no en la realidad que ahora me lleva a la muerte o a la vida… ya no lo sé.

Escrito por ©Ingrid Aravena.-

domingo, 30 de septiembre de 2007

Minicuento "Adios Ciudad Querida"



Cada día que pasa veo que el futuro se acerca con mayor intensidad, convirtiéndose en presente. Ese futuro que tanto he planeado llega dando pasos agigantados. Miro las calles de esta cuidad…mi ciudad, con sus lindas calles, su gente, su aire limpio. ¡Como extrañaré caminar sobre sus calles cuando ya no esté más aquí y respirar este aire, ver el verde inherente a nuestra zona!.

He decidido pedir a Dios que me ayude a enfrentar este futuro que se viene de prisa a mis manos.

Caminé lentamente, mirando las hojas de los árboles caer en este hermoso otoño mezclado de amarillo y verde, hacia la catedral. Una vez dentro, el silencio inundó mi espacio. Sintiéndome pequeña me senté en uno de los pupitres y pedí fuerza a mi Dios para enfrentar lo que viene y lo que estaba viviendo. Una campana sonó al mismo tiempo que yo rezaba y el mundo allá afuera continuaba girando, con sus consumistas intenciones y sus dispares desigualdades. ¿Qué podía hacer yo dentro de este mundo sintiéndome tan distinta y vulnerable?

Al salir de la Catedral, me senté en la pileta de la plaza de Armas; la diosa Ceres me observaba con nostalgia… ¡adiós ciudad querida!.
Creado por ©Ingrid Aravena.-

martes, 10 de julio de 2007

Una señal Gatuna

El día ha comenzado con una débil luz. Me levante con ropa liviana para no sufrir con el calor de la tarde. Estos primeros rayos son anhelados después de tanta lluvia, además dan una especie de incentivo para levantarse cada día. Como alguna vez leí, estudios han comprobado que los días soleados y las épocas de calor son una de las principales causas de disminución de las depresiones juveniles.

Continuando con mi relato, luego de vestirme tome un café, con una tostada. Uno de mis gatos salió a mi encuentro mientras salía de la casa , mirándome melosamente, me hizo cariño con su cuerpecito pequeño y lo restregó contra mis piernas,.... su amable mirada incluso parecía inducirme a pensar que seria un buen día.

Camino al autobús comenzó a darme frío y una nube de pronto se acercaba desde el norte.
En mala hora le hice caso a este sol debilucho pensé.

Llegando al centro de la ciudad una lluvia fina comenzó a caer , la gente corría por las calles para guarecerse de estas gotas fugaces de verano.

Poco duró esta lluviecita, llegando a la casa de Emma dieron ya las 10: 30 de la mañana, estaba esperándome para comenzar a trabajar, debíamos ir a terreno así es que entramos en calor con una taza de café mucho mejor que la que me había tomado cuando salí de casa, y además así la acompañe a tomar desayuno.

Salimos a la empresa a realizar la famosa encuesta para el estudio de mercado, allá nos esperaba el resto del equipo y además quien en buena o mala hora, se cruzaría en mi camino hace unos años atrás y seguía atormentando mi existencia hasta la fecha.

Llegamos allá, los típicos saludos cariñosos de beso en la mejilla , la broma matinal no falta y bueno la disciplina cuando debe ponerse en marcha en marcha se ha dicho.

A la hora del almuerzo ya estábamos desocupados y como comúnmente lo hacemos uno de mis compañeros propuso ir a un restaurante cercano. Esta vez la gran mayoría tenia otros planes, a excepción de mi tormento de hace años... y yo. No me quedo otra que aceptar la invitación, y para ser franca ese día anhelaba que me invitara o por lo menos quedarme a solas con el. Ya la mirada del gato me decía que seria un buen día y que algo pasaría fuera de lo común.

Es bastante ridículo guiarse por lo que un gato a uno le pueda decir, mas que el pobre no tiene un cerebro muy grande para comprender la complejidad de cosas que tenemos que vivir día a día, pero era uno de esos en que una se levanta haciéndole caso a cuanta señal no aparece, porque nadie me saca de la cabeza que no soy la única mortal que alguna vez por ejemplo le ha hecho caso a una estrella fugaz y le pide un deseo que por lo general no se cumple, pero eso hace que la vida sea un poco mas mágica y mas sabrosa. Esa es mi teoría de vida, porque los momentos se van y ya no vuelven mas , pienso que hay que disfrutarlos al máximo, hasta con un simple chocolate, comérselo lentamente hasta que se desaparezca su dulce sabor en nuestra boca. El que uno tenga sueños y deseos y luche por conseguirlos es lo que hace la vida mas apreciable, aunque eso suponga en el futuro pegarse algún porrazo y sufrir por algunas desilusiones. Pero también es cierto que si ellas no existieran no apreciaríamos los buenos momentos.

Prosiguiendo con el relato, y disculpando tanta interrupción, nos fuimos a almorzar.

Durante la comida no hablamos palabra alguna. Y es que apareció otra persona que por desgracia no era de mi agrado y claro como iba a serlo, si era su actual pareja. Y yo la estúpida no tenia idea que ya tenia a alguien. Cada beso que le daba era un martirio, y pensaba en mi interior que eso era lo que yo debería estar haciendo. No sin razón me dio mucha satisfacción que la taza de café se diera vuelta en su falda y saliera como un lince corriendo gritando como una vaca al baño, y todo gracias a un tirón en el mantel que había dado yo “sin querer”, al agacharme a recoger un arete que había caído.

Luego de esto y antes que regresara la poberella, me despedí de mi ex - tormento porque ya mis expectativas con el se habían terminado.

Y es que así soy yo, y el gato si tenia razón; algo fuera de lo común ocurriría ese día.
Fuente: ©Ingrid Aravena.-